China desplegó robots humanoides Walker S2 en el cruce fronterizo de Fangchenggang con Vietnam, respaldados por un contrato gubernamental de 37 millones de dólares con UBTECH Robotics. Los robots no solo detectan patrones de multitudes y verifican contenedores en carriles de carga, sino que también guían pasajeros y dirigen el tráfico vehicular, con autonomía de batería intercambiable que permite operación continua de 24 horas.

No es un prototipo ni un experimento de laboratorio. Es un despliegue real, en un entorno de alta complejidad, con contratos firmados y objetivos operativos concretos. Eso marca una diferencia importante respecto a los demos que dominaron la conversación sobre robótica humanoide en los últimos años.

El movimiento también refleja una hoja de ruta estatal clara: China fijó en 2023 el objetivo de construir un sistema nacional de innovación en robótica humanoide antes de 2025. Fangchenggang es la primera señal de que ese plazo se está cumpliendo. La pregunta que queda abierta no es tecnológica, sino social: ¿qué significa delegar roles críticos de seguridad y orden público a máquinas?