A días de las elecciones legislativas del 8 de marzo de 2026, Colombia se convirtió en un laboratorio político inesperado. Gaitana IA, una candidata virtual representada como mujer de piel azul, compitió en la Circunscripción Especial Indígena. No puede ocupar un escaño por ley, pero su creador, el ingeniero Carlos Redondo, figura como candidato humano mientras el avatar funciona como vocera digital.

La plataforma opera como un chatbot donde los usuarios proponen y votan iniciativas en tiempo real, con blockchain (Ethereum y Tezos) para garantizar transparencia. La promesa: votar en el Congreso según la voluntad agregada de la ciudadanía.

Las críticas no tardaron: muchos lo ven como un espectáculo tecnológico que podría erosionar la confianza en el proceso electoral indígena más que revitalizarlo. Pero el debate de fondo es otro.

Si la inteligencia artificial sigue evolucionando, la pregunta ya no es si aparecerán candidatos algorítmicos más autónomos, sino cuándo. Lo que hoy parece un experimento excéntrico puede anticipar una tensión global entre tecnología, representación y poder.