Google confirmó que avanza hacia una nueva generación de gafas inteligentes para 2026: versiones de audio y modelos con pantallas integradas, con Gemini como cerebro y colaboraciones con Samsung y Warby Parker para resolver el problema de diseño que hundió a las Google Glass en 2012.
El fracaso de aquella primera versión fue doble: la IA era incipiente y las gafas eran socialmente rechazadas. El Sergey Brin que apostó por ellas en aquel entonces es el mismo que volvió a las filas operativas de Google en 2025 y que está liderando este relanzamiento con una diferencia clave: el enfoque dejó de ser puramente técnico para volverse cultural.
La apuesta revela algo más amplio: la IA está migrando de los bolsillos a los sentidos. Un dispositivo que filtra, traduce y prioriza en tiempo real lo que el usuario ve no es solo una herramienta más eficiente. Es una capa nueva entre la persona y su realidad. La pregunta no es si Google lo logrará en 2026. La pregunta es qué significa vivir con ese filtro permanente sobre los ojos.