Utah acaba de convertirse en el primer estado de EE.UU. en aprobar un programa que permite a una IA renovar recetas médicas de forma autónoma, sin intervención directa de un médico humano. El sistema analiza el historial del paciente, realiza preguntas clínicas y envía la orden a la farmacia directamente.

Los números iniciales son llamativos: el 99,2% de las decisiones de la IA coincidieron con lo que hubiera indicado un médico. Pero la discusión que abre este hito va más allá de la precisión. La pregunta de fondo es si la medicina puede funcionar bien sin la presencia humana en la cadena de decisiones, especialmente en los momentos que más importan.

Para sus defensores, el sistema reduce demoras y burocracia en un sistema de salud sobrecargado. Para los críticos, elimina demasiado rápido al humano del circuito. La respuesta no es simple, pero el experimento ya está en marcha y su resultado podría redefinir qué entendemos por práctica médica.